Hace tres semanas, Enrique de Amescua organizó una fiesta en su casa. Era su último fin de semana en Madrid y, de pronto, recibió una llamada que, pasadas las doce de la noche, le hizo encender el ordenador. ¿El motivo? Su pista de pádel estaba en el puerto de Miami y había problemas en la aduana.
Este madrileño de 25 años decidió el pasado mes de noviembre dejar...
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