Solo las hojas de los árboles, agitadas por el viento, se atreven a hacer ruido en Sotogrande. Lujo y silencio envuelven la elitista urbanización enclavada en San Roque, Cádiz, donde la selecta minoría que habita allí se deja ver a cuentagotas. Oculta –casi siempre– entre cristales tintados de unos despampanantes todoterrenos. Ni los coches se oyen. Moderan la...
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