Hablando de la desgraciada modista Teresa Acero, contaba Camba que, perseguida a la vez por un automóvil y un pelma, se decantó por el automóvil. El hombre «empelmado» te mira como Samanta Villar al objetivo, o como Anthony Blake, te piropea —«madrigal de urgencia» dijo D´Ors— y te invita a tomar algo, obligándote a mutar de diosa a odiosa en un no. Con los halagos...
Suscribete para leer la noticia completa:

