La imagino. Con esa sonrisa que cautivó hasta al corazón más endurecido y alguno de sus parches
«Si me hubiesen dado este libro hace un año no me lo hubiera creído. Pero menos se lo hubieran creído aquellos que firmaron mi parte de defunción, aquellos que mintieron confiando en mis daños cerebrales, aquellos que no llamaron por vergüenza o cobardía. Pero no he...
Suscribete para leer la noticia completa:

