«Cuando Serrano Súñer entró, vestido de esmoquin, en aquel hotel Ritz recuperado para la realeza y la aristocracia europeas, después de haber sido hospital de sangre durante la guerra, cesaron de golpe las voces de las altas personalidades allí congregadas. (...) Sonsoles de Icaza, la bella marquesa de Llanzol, no tenía intención de ir a saludarle. Nunca iba...
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