En su proceso de demolición institucional, España no aprende las lecciones del pasado. Por mucha moraleja que contuvieran y por mucho daño que infligieran. Como hace 25 años, sigue reproduciéndose esa agria sensación de que en España no cabe un corrupto más. De que si aparece uno en La Coruña con corbata y tirantes en la postura del egipcio, otro cae al agua...
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