Ese Iglesias encabrita tanto a nuestros libertadores domésticos (véase el aluvión de trabajo extra que les ha caído esta semana a sus muy sufridos plumillas en nómina) que casi me entran ganas de votarle. Es tal la paranoia con el visitante inoportuno que incluso se les ha olvidado que la plaza oficial de Lerroux redivivo se la habían otorgado en propiedad a...
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