«Lo ha matado. Lo ha matado», repetían sin cesar los bomberos, desencajados, que entraron por la ventana en una vivienda en la que hallaron a un niño de dos años y medio cosido a cuchilladas en el tórax. Su madre estaba inconsciente por la gran cantidad de fármacos que había tomado. Estaban en el baño; el infeliz en un cambiador y la mujer en la bañera».
Así resumía...
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