El PP vasco planteó ayer su XIV congreso regional, el de la ratificación de su presidenta Arantza Quiroga, como una terapia de grupo necesaria. De hecho, fue una catarsis después de un mes de profunda convulsión interna que acabó descosiendo las costuras del partido por territorios y que deja heridas abiertas aún por sanar por más que sus dirigentes se conjuraran...
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