Imagine el lector la estampa: los violadores y asesinos de casi mil mujeres de cualquier localidad española, después de un profundo proceso de reflexión interna no exento de un debate autocrítico, y sin haber pedido perdón ni resarcido a las familias de sus víctimas, deciden anunciar públicamente que renuncian a sus agresiones sexuales, a más acoso, más palizas...
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