«Toda justicia que tarda es injusticia». Este es un aserto más que aceptado entre los juristas sencillamente porque encierra una realidad. No hay un solo ministro de Justicia, sea cual sea su signo político, que no haya expresado como un perenne soniquete retórico su obsesión por lograr una justicia «más ágil y eficaz». Pese a ello, las múltiples reformas abordadas...
Suscribete para leer la noticia completa:

