Emilio Muñoz Guadix fue el cerebro de un crimen que heló la sangre a España. Listo y sin escrúpulos, era un repartidor en paro que convenció al fontanero Cándido Ortiz para llevar a cabo un negocio limpio y rápido: la mañana del 12 de abril de 1993 secuestraron a una joven en la lujosa urbanización de La Moraleja (Madrid). La idea era pedir un rescate exprés...
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