Alfredo Pérez Rubalcaba buscaba ayer en Bilbao un doble objetivo. De un lado, el abrazo con su hasta ahora principal aliado Patxi López, procurándose una imagen de unidad y autoridad interna que languidece sin remedio. De otro, cerrarle el paso al exlendakari y candidato a la sucesión en la que era una buena ocasión para hacer llegar su propio discurso a los...
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