Rosario Porto llora desconsolada en los diez metros cuadrados de su celda del único módulo de mujeres de la cárcel de Teixeiro. Dos presas de apoyo, que se alternan, la acompañan en esos primeros días donde a un reo primario las rejas le martillean los oídos. Más aún a Rosario que desde niña ha pasado los fines de semana en un chalé de 400 metros, con piscina...
Suscribete para leer la noticia completa:

