EL mismo fenómeno se repite cada cierto tiempo: cuando el paisaje parece que escampa, la brisa silba armoniosa y las nubes danzan al son que marca el viento, el cielo se desploma repentinamente sobre nuestras cabezas, acaso como si el destino tratara de recordarnos que la fatalidad está a la vuelta de la esquina e iguala a buenos y malos, listos y tontos, ricos...
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