Permítanme como ciudadano de estas afortunadas islas dirigirme a ustedes con una doble intención. En primer lugar, y tal y como lo haría cualquier canario que se precie de ello, transmitirles que nuestro archipiélago no es tal y como lo ha descrito ese señor de corbata. No. Y por otra parte, hacerles una advertencia. Tal y como se desprende de sus indudables...
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