Ni me asomé al balcón ni seguí la retransmisión que la televisión del régimen ofreció puntual y animosamente a todos los catalanes de pro. Pero, a juzgar por lo recogido en los papeles y en los digitales, la comunión fue perfecta. Bien es verdad que esta vez el espectáculo adquirió un perfil más dionisíaco de lo que suele ser habitual, hasta el punto de que algunos...
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