No me sorprendió la dicotomía entre lo bueno (lo catalán) y lo malo (español): el tradicional maniqueismo del nacionalismo catalán
MIENTRAS leía Victus -la novela de Albert Sánchez Piñol sobre la Barcelona de 1714, nada sospechosa de españolismo-, la voz de Artur Mas -el televisor estaba en marcha- me distrajo. El President -la cosa iba del tricentenario de 1714-...
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