Tan iguales, pero tan distintos al mismo tiempo. Cuestión de caracteres. Padre e hija, al fin y al cabo, tenían la misma sangre. Y todo se «pega» como dice el refrán. Y se hereda. Pero las diferentes vivencias, al final, son las que marcan. Tanto Emilio Botín como su hija, Ana Patricia –ahora, simplemente Ana– llevaban la banca en las venas. Hijos, nietos, sobrinos...
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