Alto, muy delgado y con una moral a prueba de bomba, José Ignacio Goirigolzarri (Bilbao, 1954) hubiera podido pasar hace dos años por Don Quijote al aceptar el encargo de reflotar la desprestigiada, descapitalizada y a la deriva entidad resultante de la suma de varias antiguas cajas de ahorros quebradas y renombradas como Bankia, un conjunto de molinos de viento...
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