Un viejo aforismo que sirve como pauta en cualquier julio francés establece que ningún campeón es más grande que el Tour. Una derivada de esta sentencia decreta que cualquier ciclista con ínfulas de vencedor tiene que derrotar al Tour antes que a sus adversarios. Alguno de estos pensamientos cruzó por la cabeza de Chris Froome, el flemático keniata que vistió...
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