El gol de la jornada no tuvo celebración. Cosas de un misterioso artículo de la ley no escrita del fútbol: si un jugador hace sangre con su exequipo, tiene que ensayar un rictus grave, casi melancólico, un gesto de perdón a la grada, aunque el delantero en cuestión haya sido como «Relámpago» Bolt en una final de 100 metros lisos, haya superado a los defensas...
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