Tom Dumoulin nunca había pisado el sol. Viene de un mundo nublado. Es holandés, alto, fino. Era contrarrelojista y ahora ya no sabe lo que es; ahora puede con los escaladores en la cuesta que llaman Cumbre del Sol, un balcón sobre la Costa Blanca. «No sé lo que se puede esperar de mí», suelta. Se lo dice a sí mismo. Cada vez que le pregunta a su cuerpo dónde...
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