Su mirada se eleva al techo. Su cuerpo se mece hacia atrás apenas unos centímetros. Cierra los ojos un segundo antes de darse la vuelta y sacar el balón de su portería. No ha podido evitar el gol y José Manuel Sierra se lamenta en silencio. Solo ese ritual de petición de ayuda al cielo es lo que se permite para mostrar su frustración. La alegría, sin embargo,...
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