Lo que antes era una amistad sólida, sello de longevidad desde tiempo infantil promocionado convenientemente desde los altavoces de la Fórmula 1 es hoy encono personal, rabia mutua y mirada vacía cuando las manos chocan por obligación en el podio o en el garaje. Así es el automovilismo, un deporte cruel según el cual el primer enemigo es siempre el compañero...
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