De siempre, y sin que importe el escudo, las victorias sirven para que todo lo demás no importe, al menos para que no sea tan trascendental. Y así era la vida en España, instalada en la cúspide después de seis años de alegría interminable. Desde que Luis Aragonés dio con la tecla en 2008, la selección se olvidó de los complejos y cualquier problema pasaba desapercibido,...
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