Ensamblado el once y conseguida una nueva armonía, el Madrid no tiene, hasta el Mundialito, las exigencias de Copa del invierno y la primavera (en la que, como en el otoño, los equipos mudan otra vez de piel) más horizonte que el de la belleza. Suena cursi, pero es que lo de ayer fue como esas cosas que hacían Laudrup y Romario, Zidane en Valladolid o el Barça...
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