El Palacio recibió a Senegal con aplausos. Era el rival de España, pero como si no lo fuera. Los africanos despertaban ese sentimiento de cariño que acompaña siempre al más débil. Una ovación que sonó como una palmada en la espalda de esas que anticipan una desgracia segura, que se tradujo un triunfo holgado de la selección camino de cuartos de final, donde espera...
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