Nunca odié el capitalismo. Hasta que vistió de rosa al Real Madrid. Ahora me siento como un reaccionario que añora cosas tan sencillas como el blanco para la camiseta titular y el morado para la otra, cuello redondo, escudito y a correr. Cualquier opción menos ver a los futbolistas convertidos en algodones de azúcar con dos piernecitas que me harán, durante todo...
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