Durante las fiestas, a los chavales de Bergerac les da por arrancarle la nariz a la estatua de Cyrano. Forma parte de los festejos. Luego los empleados municipales reponen el apéndice y listo. Aunque invisible, en el pueblo hay otra estatua, la de «Tirano de Bergerac». Así apodó la prensa a Miguel Induráin tras aquel 11 de julio de 1994, día de calor y sofoco,...
Suscribete para leer la noticia completa:

