Hace mucho, mucho tiempo, años incluso, que un runrún recorría las calles futbolísticas. El Mónaco había fichado a una joya. Pero al saber su apellido, Rodríguez, la gente le olvidó con prontitud. Mucho más cuando se enteraron que se llamaba James. «Bah, un norteamericano, no llegará a ningún lado». Error. Es colombiano y, desde incluso antes de que ese rumor...
Suscribete para leer la noticia completa:

