El guardameta de España le abrazó fuerte. Casi le rompió las costillas. No podía ver hundida su carrera de esta manera. Allí surgió Ramos, su amigo del alma, para sacarle de la guillotina. La «flor» de Casillas se había quedado en la capital de España. Pero Sergio tenía la pócima de Múnich, esa que untó dos veces ante Neuer y Guardiola. Y Bale, en la prórroga,...
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