Resulta admirable el empeño de Mercedes, de sus pilotos especialmente, por dar emoción a este Mundial descafeinado. La guerra psicológica iniciada el jueves por Lewis Hamilton, acusando a Nico Rosberg de ser poco más que un niño rico con poca hambre de victoria, se trasladó ayer a la pista en la sesión de clasificación de Mónaco. Ya no se trata solo de palabras...
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