No había acabado el partido y algunos jugadores del Real Madrid ya tenían la mirada fija en el suelo, con los rostros tapados. Impotentes. La final, la segunda consecutiva, también se les iba a escapar. Adiós a la Novena con lágrimas en los ojos.
No las tenía Florentino Pérez, acompañado en la grada por Ana Botella e Ignacio González, pero poco le faltó. El presidente...
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