Cuando Ancelotti llegó a Madrid, se parecía a Don Camilo, el cura de Brescello, pero los periodistas, buscando familiaridad, le llamaron Carletto. Su primera declaración sonó a Gramsci: –El club más ambicioso tiene que hacer el fútbol más espectacular.
Treinta y ocho partidos y doscientos millones de euros después, el Madrid de Carletto ha sido tercero, a trece...
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