La parafernalia fue ese Atleti, Atleti, Atleti que parece el berrinche de un niño gigante. Una ovación cariñosa a Torres. Luego, un tifo inmenso que se comió el himno de las Champions y la capela del himno. Los más habilidosos sostenían la cartulina y a la vez se hacían la selfie. El Cholo, desde abajo, sólo tenía que ser feng shui, orientarse como un comedor...
Suscribete para leer la noticia completa:

