Pesado y plomizo como el cielo, las derechas de Gabashvili. Apagado como el sol en el miércoles de Montecarlo, las piernas de Rafa Nadal. A su estreno en la tierra del Principado le faltó solidez, como si en lugar de la firme superficie que domina como nadie, se deslizara en una arena movediza de la que le costó salir. Dudas y ceños fruncidos, atascos en la resolución...
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