El estadio del Dortmund parece de Lego. Es todo de una perfección y de un bien hecho maravilloso. La grada canta de un modo singular: parece que son uno. Van al fútbol no a poner a parir a fulano o a mengano y a decirle al delantero con qué parte del pie tiene que rematar, sino a subsumirse en una unidad superior, cervecera, e industriosa. Se siente en todo el...
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