Partido de gente enfebrecida, en el término textual de la palabra porque, por ejemplo, en el caso de Di María, estuvo toda la semana griposo, con fiebre, casi pillado con algodones para poder jugar el partido. Pero curiosamente, los primeros compases del partido no los protagonizó ni el rey Cristiano ni el príncipe Bale, sino un «fideo» escuálido de 60 kilos...
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