Después de unos días sin Liga, de enseñarle al cuñado el 4-3-3 con figuritas de mazapán y de pegarle con el interior a todas las bolas que se descolgaban del árbol, el amistoso en Doha se esperaba como la calada mentolada a un cigarrillo electrónico. Nuestra vida sin fútbol es la espiral de Chirino institucionalizada y el afán de aventuras defraudado que nadie...
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