Se enciende una cerilla en el estadio y explota. Había pólvora en el ambiente, alborotada la grada, alborotados los jugadores, prestos a que saltara la chispa. No fue extraño pues que el derbi, como casi todos estos enfrentamientos, fuese feo, trabado, rocoso. Intenso también, pero con tanta actividad y aceleración que los jugadores iban pasados de revolucio...
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