Pep Guardiola cerró con fuerza la puerta del vestuario azulgrana. Enfrente tenía a un equipo que ya empezaba a dar muestras de debilidad. Sentía que la plantilla ya no creía ciégamente en él. Antes de empezar la charla, Messi pidió una Coca-Cola. «Leo, no tomes eso ahora, te va a sentar mal», le dijo. Sin mediar palabra, el argentino se levantó cogió un refresco...
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