Casi a medianoche, y después de la enésima entrega de amor propio, David Ferrer saltaba al cielo de París-Bercy, clasificado para las semifinales de un torneo que defiende después de remontar contra Tomas Berdych. Ganó algo que parecía imposible (5-7, 6-4 y 6-3) y gastó una vida más, pero tiene infinitas, un ejemplo de profesionalidad inigualable y que se crece...
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