En China, da igual dónde, una bestia tritura a sus rivales, el despertar de un campeón herido que actúa desde el orgullo y el amor propio. Novak Djokovic está condenado a bordar la perfección si quiere terminar el año como número uno y desde que perdió el maillot amarillo lleva dos de dos, esplendorosa su gira sobre el vertiginoso cemento asiático. Al éxito de...
Suscribete para leer la noticia completa:

