Hace mucho que España ya no juega partidos de fútbol. Juega a romper cerrojos, subir montañas y abrir latas. Porque todo el mundo plantea el mismo partido: once detrás del balón y a ver si suena la flauta del contragolpe que, por otra parte, apenas realizan. Lo malo no es eso, que es sabido. Lo malo es que, sabiéndolo, regalemos tantos minutos de intentar entrar...
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