Mientras aún no sabe lo que es, mientras busca ese modelo del que habla sin llegar a atraparlo, mientras desespera a los suyos, el Madrid todavía conserva esa esencia de exprimir hasta el último instante su empuje, la garra, esa rabia que desprende por vivir atrapado en un laberinto mental. Anoche fue Cristiano, en el tiempo añadido. Y fue también Morata, que...
Suscribete para leer la noticia completa:

