Los Laudrup tienen que ser a Dinamarca lo que los Fernández Ochoa a España. Una anomalía estrictamente familiar. El Copenhague es la mezcla de un modesto de la Liga y el sueño erótico de una española. Once carpinteros fornidos dispuestos en futbolín. Con este rival todo lo bueno sería un triste ardid para la autoestima del Madrid, como superar un rechazo amoroso...
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