Los ojos de Ona fijos en los de Marga. Sus brazos, casi por inercia, bailan el tango «en seco», en la cámara de llamada, apenas unos minutos antes de salir al escenario. De esa mirada intensa y cómplice surgió la pasión con la que disfrutaron el último baile de la «La Cumparsita». Una coreografía que valió una plata olímpica en Londres, y lo valió también ayer...
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