Rasgaban la guitarra Rodrigo y Gabriela en su «Tamacun», mientras ellas arañaban la plata con sus sonrisas impertérritas ante las gotas de agua, el cansancio y la presión de Ucrania y de jugar en casa. Barcelona no defraudó, como tampoco lo hicieron ellas, contagiada la fuerza de la grada en sus piernas infinitas, sus manos como castañuelas y su baile mágico...
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