Cuando Gerardo «Tata» Martino triunfaba como centrocampista creativo en el Newell’s Old Boys, el histórico club rosarino, era objeto de devoción por parte de Jorge Horacio Messi, un joven que, como tantos argentinos, respiraba por el fútbol. Ese canchero técnico, brillante, protagonista de una época dorada en el club de «los leprosos» (apodo ganado a principios...
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